Blog


Editorial enero-marzo 2012 INFOCOP



interesante editorial que comparto totalmente.

EDITORIAL ENERO-MARZO 2012 



// fecha de publicación 06/03/2012 5:40:00



Vivimos momentos de crisis. No está nada claro cuántas
dimensiones tiene esta crisis, pero al menos en dos hay acuerdo general. El
sistema productivo, tal y como lo conocemos, parece que tiene que sufrir una
profunda mutación. Ahora está en una fase de transición. Casi cinco millones y
medio de parados dan fe de la profundidad del terremoto que ha afectado a la
forma en la que creamos riqueza en España. Se insiste en que tenemos que salir
de una economía que estaba muy asentada en la burbuja inmobiliaria y especulativa,
así como en una fuerte dependencia de la iniciativa y el empleo públicos, para
entrar en otra que se sustente en la creatividad e iniciativa individuales, la
producción tecnológica con alto valor añadido, los servicios que den respuesta
a las nuevas demandas de una sociedad en cambio, todo ello rematado con una
mayor productividad. La otra dimensión incuestionable de esta crisis es la
revisión de la definición y límites de lo que entendemos por estado del
bienestar.



Mientras unos hablan de mantener las prestaciones
fundamentales del sistema de pensiones, la educación y la sanidad públicas
dentro de los parámetros actuales, otros quieren introducir reformas más o
menos profundas con el fin, declaran, de hacer sostenibles esas coberturas
sociales, sin que las bases sociales y económicas que las sustentan se vean
amenazadas. Es evidente que ambas dimensiones de la crisis están conectadas, ya
que el estado del bienestar no es independiente de la creación de la riqueza
que lo hace posible, pero tampoco la creación de riqueza en la Europa del Siglo
XXI puede pretender asentarse en la desigualdad extrema y la injusticia.



Los
psicólogos sufrimos la crisis como todos los ciudadanos, pero también tenemos
mucho que decir y aportar en esta delicada situación. Una tormenta económica de
la profundidad y duración de la actual, aumenta las posibilidades de que las
desigualdades se incrementen, debido a la supresión o reducción de las medidas
correctoras o de soporte social tanto en el ámbito educativo como en el
sanitario. Si se eliminan recursos de apoyo en la escuela, es muy probable que
los resultados que se obtengan puedan ser peores, en términos globales, que los
que se obtienen actualmente y que se resienta la capacidad de la educación para
aumentar las oportunidades y las posibilidades de progreso para los que tengan
más problemas y menos recursos para resolverlos. Es completamente ilógico que
las autoridades educativas no hagan todo lo posible para reducir la
ineficiencia de un sistema cuyos resultados están muy lejos del punto óptimo.
Si se restringen los recursos asistenciales en el ámbito de la salud mental,
estamos dejando desprotegido a un gran número de ciudadanos que presentan
trastornos que tienen una gran prevalencia, producen una gran cantidad de
sufrimiento, deterioran de manera muy notable la calidad de vida e inciden de
forma determinante en la actividad laboral.





Lamentablemente, puede que, en estos últimos tiempos, haya
tenido un mayor predicamento la idea simplona de que un aumento de la
desigualdad va a producir una mayor productividad y eficiencia del sistema
productivo, y, en consecuencia, a medio y largo plazo, un mayor bienestar
social. Éste es un asunto de debate ideológico en donde no me corresponde entrar.
Sin embargo, me gustaría señalar que los datos de importantes estudios
sociológicos van en sentido contrario. Las sociedades más desiguales, donde los
mecanismos de amortiguación del estado de bienestar no funcionan para reducir
las diferencias económicas extremas, tienen peor calidad de vida, más problemas
de salud, más insatisfacción, y no son, en absoluto, las más innovadoras y
eficientes. El libro de Richard Wilkinson y Kate Prichet titulado
"Desigualdad. Un análisis de la (in)felicidad colectiva" apunta en
esa dirección.



Evidentemente, los psicólogos profesionales no tienen
capacidad para alterar las estructuras económicas y sociales que condicionan
primariamente la desigualdad social. Ahí se está en un nivel político, social y
económico ajeno a las capacidades de intervención de nuestra disciplina. Pero
la intervención de los psicólogos dentro de los servicios de salud, educativos
y sociales sí puede ser efectiva y eficiente para paliar y corregir los efectos
que la desigualdad y, más aún, la crisis ejerce sobre las personas.



La presencia de más psicólogos profesionales tanto en la
sanidad como en el sector educativo no debe verse sólo como una defensa del
estado de bienestar, sino también como un sólido apoyo a las políticas que
buscan rentabilizar cada euro que se invierte por las Administraciones Públicas
en esos importantes servicios públicos, y como una aportación notable a la
mejora de las capacidades productivas en una sociedad avanzada.



No se trata por tanto de un gasto suntuario e ineficaz. Cada
euro que se gaste en mejorar el acceso de la población a los servicios
psicológicos obtendrá retornos considerables tanto en bienestar social como en
la mejora de nuestra capacidad de producir riqueza. Los estudios sobre la
eficiencia de la intervención psicológica profesional en múltiples contextos
así lo avalan. Esperemos que nuestras autoridades tomen las decisiones con los
datos en la mano, y sin prejuicios basados en clichés que poco tienen que ver
con la realidad. Esa es al menos una esperanza a la que no queremos renunciar.



ISSN 1886-1385 © INFOCOP ONLINE  



 viernes, 23 de marzo
de 2012 - Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos





¿Te ha gustado?

 


Escrito por Francisco Santolaya Ochando | 23/03/2012

Temas: psicologia y crisis, recortes en educación, recortes en sanidad, psicologia